¿Y qué fue de las TICAs?

José Miguel Santibañez Allendes

José Miguel Santibáñez, Profesor Ingeniería Informática Multimedia, Editor de www.Abe.cl

 

Hace algunos años, en el mundo académico se hablaba mucho de las TICAs (sigla para “Tecnologías de Información, Comunicaciones y Aprendizaje”) de las que se esperaba una verdadera revolución en la forma de hacer y tomar clases.

Para quienes alcanzamos a vivir la época de las pizarras (negras o verdes) y la tiza, que experimentamos el cambio a las pizarras de melamina y los plumones borrables (sin la toxicidad de la tiza, pero con menos emoción al momento de dibujar), conocimos los viejos proyectores de trasparencias (aún recuerdo profesores que tapaban parte de la trasparencia, fuera para no adelantar respuestas, para dar espacio a la discusión o, simplemente para darle algo de emoción a la clase) y vivimos con emoción la llegada de la computación a las salas de clases, primero con los “data” (“datashow” fue la marca más famosa de unas pantallas de cristal líquido que permitían que el proyector de transparencia mostrara lo que había en la pantalla del computador) y luego con los proyectores (algunos incluso “multimediales” al incorporar mouse y/o parlantes); la anunciada llegada de las TICAs nos emocionaba, íbamos a conocer, por fin, una nueva forma de clases.

¿Y qué pasó?

Casi todas las instituciones en las que he dictado clases, han hecho grandes inversiones para dotar a todas sus salas de proyectores (o grandes televisores), con computadores para quienes no disponen de (o no quieren arriesgar) un notebook. Algunas también han invertido en plataformas de “e-learning” (la más conocida, sigue siendo el viejo Moodle, generalmente utilizado como repositorio de archivos) y no pocos profesores utilizan alguna red social (desde email, pasando por Facebook, hasta grupos de WhatsApp) para mantener niveles de comunicación razonables con sus estudiantes.

Pero a la hora de ver y hacer clases, la gran mayoría no ha experimentado ningún tipo de evolución. Lo que es posible observar en las salas de clases, es mucha presentación PowerPoint cuyo contenido es leído (en casos, incluso de manera monótona) donde los estudiantes están más interesados en sus celulares (a la larga, saben que podrán “obtener” el PPT y podrán volver a leer lo mismo) y con baja o nula concentración (y menos interacción) en clases.

Claro, las imágenes son más nítidas y mejor desarrolladas, e incluso en alguna clase puede aparecer un vídeo (emoción contenida). Pero en no pocas instituciones están empezando a cuestionar el uso del Power Point, ya que observan profesores poco motivados que, incluso, hacen que sus estudiantes copien en el cuaderno lo que hay en el PPT (lo que parece más una estrategia de “ganar” tiempo sin tener que hablar).

De los que han optado por formas de e-learning (o b-learning, para quienes comparten virtualidad y salas de clases) y salvo una notable excepción, resulta descorazonante ver instituciones que creen que e-learning es sinónimo de publicar “un powerpoint” largo.

Hay notables excepciones, desde la universidad 100% online (que tienen todo un manual para entender que es e-learning) hasta profesores que se dejan las pestañas buscando herramientas de Realidad Aumentada o Realidad Virtual. Un aplauso para ellos.

Para más abundamiento, hoy existen varios proyectos on-line (los llamados cursos masivos o MOOC) que proponen la enseñanza de técnicas específicas (algunos llamados “microgrados” o pequeños diplomados) y que gracias a los sistemas de streaming de video (principalmente YouTube) y otras plataformas de interacción, permiten entregar y evaluar conocimientos.

Aún estamos a la espera de la “revolución de las TICAs”, ahora no es un problema tecnológico (o de ausencia de capacidades) sino una evolución donde hay que invertir tiempo, ingenio y recursos.

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