Esperanza

José Miguel Santibañez Allendes

José Miguel Santibáñez, Profesor Ingeniería Informática Multimedia, Editor de www.Abe.cl

 

El Satélite de la Universidad de Chile para la Investigación Aeroespacial, SUCHAI, está en órbita. Es un “nano satélite”, es decir una caja de apenas 1000 centímetros cúbicos (10 x 10 x 10) y de apenas un kilogramo de peso. Es un satélite para usos científicos, está en órbita baja, en la parte superior de la ionósfera, desde dónde podrá ayudar al estudio de la misma, junto con realizar otros experimentos asociados a disipación de temperatura de aparatos eléctricos en ambientes de vacío y micro gravedad.

Es un satélite de bajo costo (la cincuentava parte de lo que costó el FASAT-Charlie, el único satélite “chileno” exitoso a la fecha y cuya vida útil nominal terminó el año pasado) pero con una vida útil nominal de un año, tiempo suficiente para los experimentos requeridos.

Pero, por supuesto, el mayor nivel de orgullo, es de la Universidad de Chile, fueron sus académicos y estudiantes quienes lo diseñaron y construyeron (los FASAT habían sido contratados a empresas europeas).

Es una luz de esperanza (hay un juego de palabras intencionado entre el nombre del satélite y la palabra “Suyai” que significa esperanza en mapudungun) luego de la sustitución incompleta en 2013, de la Agencia Chilena del Espacio por el Consejo de Ministros para el Desarrollo Digital y Espacial (que fue constituido en el 2014, y de cuyo consejo asesor (al menos el presentado en el 2015, según el sitio http:///espacial.subtel.gob.cl) si bien parece tener buenas calificaciones, es poco o nada lo que sabe (el mismo sitio presenta menos de 30 “noticias” desde marzo del 2014 a la fecha) y el documento de “Política Nacional Espacial” que publican, es el presentado en 2013 (con horizonte al 2020) por el gobierno de Sebastián Piñera.

Siempre habrá voces discordantes, que creen que hay “mejores” usos para el presupuesto nacional, y es claro que existen muchas y muy variadas necesidades en el País (algunas realmente básicas), pero proyectos como SUCHAI apuntan, en mi opinión, en la dirección correcta: Generan esa esperanza necesaria para seguir trabajando día a día, con el convencimiento que podremos hacerlo mejor. Aunque es improbable que los próximos dos nanosatélites (ya están encargados, y dicen que serán un poco más grandes, más o menos el triple del actual) sean lanzados desde Chile, desde la noche del jueves al viernes recién pasados, hay chilenos que renovamos el sueño de ver el lanzamiento de una nave aeroespacial chilena (incluso, ojalá hecha exitosamente en Chile).

Sé que la pila de felicitaciones que han recibido en la Universidad de Chile, es enorme. Agrego este humilde saludo adicional desde esta columna, con un Gracias. Muchas Gracias.

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