La verdad…

José Miguel Santibañez Allendes

José Miguel Santibáñez, Profesor Ingeniería Informática Multimedia, Editor de www.Abe.cl

Cuando Terry Pratchett escribió sobre “La Verdad” (la aparición de los periódicos noticiosos en su propio mundo de fantasía: mundo disco) describió varios de los problemas que enfrentan los medios impresos. Sin embargo, la realidad (de este “mundo bola” en términos Pratchett) supera con mucho la más alocada fantasía.

Nuestra página y sus publicaciones siempre han defendido la más irrestricta libertad de expresión. Lo anterior no obsta a que se entienda que un medio se gana su “fama” por la responsabilidad con la que hacen uso de esa libertad, del cómo se hacen cargo de confirmar las fuentes, del cómo se buscan y procesan los hechos y del cómo las opiniones son vertidas en un clima de respeto por los demás.

Es lo que le falta a las redes sociales. La inmediatez (y la necesidad casi patológica de algunos de republicar “cuanto antes” lo que leen) no ayuda a la verificación. La “fama” de los “influyentes” no se mide por la responsabilidad de sus acciones, sino por la cantidad de seguidores y la cantidad de republicaciones (o simplemente los “me gusta”) que cada publicación recibe.

Recuerdo una charla de uno de los 140 influyentes de Chile (una denominación que se usó al inicio de la era de Twitter, para identificar a quienes más seguidores tenían) donde se contó que él fue el primero en publicar “está temblando” el 27 de febrero del 2010. Siendo una persona que me merece respeto y confianza en lo que publica (no le he visto error alguno) igual transmitió un mensaje confuso: hay gracia en ser el primero en decirlo. O quizá en republicarlo (si uno es más “influyente” que el original). Es por ejemplo, lo que ha intentado el ex presidente Piñera al “traducir” algunos chistes internacionales (el de “Si Trump gana, será la primera vez que un blanco rico, se vaya a vivir a una vivienda fiscal que deja un negro en USA” o el de “Donald Trump eligió a Mickey Pence como vicepresidente. O sea, EEUU está gobernado por Donald y Mickey. Lo habrá soñado Walt Disney?”). Y es lo que lamentablemente también pasó con el empresario Swett cuando creyó y republicó un mensaje sobre unos supuestos incendiarios que resultaron ser inocentes que combatían el fuego cerca de su poblado. Pero aún más grave fue su reacción cuando dice que le resultó muy bien (“me quedé con 500 seguidores”).

Desde Twitter aún no se han pronunciado, pero tanto Facebook como Google ya mencionaron la preocupación por las noticias falsas. El tema no es menor: el “pizzagate” con el que atacaron a Hillary Clinton, no era una maniobra política sino monetaria, el inventor de la falsedad llegó a ganar miles de dólares mensuales gracias a la cantidad de visitas a su sitio…

Se habla de la “era de la posverdad” una donde los hechos objetivos son menos influyentes que la apelación a las emociones. Y su máximo exponente, en estos momentos, es precisamente el presidente de USA: Donald Trump. Usando Twitter apela a las emociones contra el “enemigo de américa” (su apelativo a los medios que publican hechos que le incomodan) sin presentar evidencia alguna sobre la falsedad de las noticias (incluso le ha hecho el quite a preguntas específicas).

Es importante que la posverdad no supere a la verdad. Aún como decía otra frase de los mundos de fantasía: “La verdad es una espada de tres filos, tu versión, mi versión y los hechos entre medio”, Google y Facebook han iniciado una campaña por la verificación de datos que se podría resumir en: “no permita que la emoción supere a la razón, verifique primero la información”. Aunque en la era de la posverdad, cuando “las mentiras pueden darle la vuelta al mundo antes de que la verdad pueda ponerse las botas.” (Pratchett) los “conspiracionistas” plantean su miedo a que sean las grandes corporaciones quienes “controlen la verdad” escondiendo las evidencias y estudios que demostrarían que ellos si están en lo correcto.

Con todo, seguimos defendiendo la libertad de expresión. Nadie dijo que sería fácil, pero es necesario hacerlo.

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