Adiós Princesa…

José Miguel Santibañez Allendes

José Miguel Santibáñez, Profesor Ingeniería Informática Multimedia, Editor de www.Abe.cl

Debe haber sido el año de 1977, en ese tiempo las películas no llegaban inmediatamente a Chile, cuando me maravillé con “Star Wars: A new hope” (la “guerra de las galaxias” a secas, nos costaría años acostumbrarnos a la diferencia entre el nombre de la saga y el nombre de la película). Como muchos niños y niñas nos maravillamos con la “tecnología espacial”, la eterna guerra entre el bien y el mal, encarnada entre la fuerza y el lado oscuro (si, otro error de interpretación) y por supuesto el máximo villano: Darth Vader…

 Pero entre batallas espaciales y sables láser (hoy se opina que podrían ser sables de plasma, el cuarto estado de la materia, sensible a campos electromagnéticos, ya que sería imposible que fueran láser, tal y como hemos descubierto todos los que hemos jugado con punteros láser), un aspecto de suma importancia pasó casi colado. En una clásica historia de buenos y malos, héroes y villanos, y por supuesto princesas que hay que rescatar, la princesa rompió el molde. Aún antes que supiéramos que era princesa, la vimos tomar un arma y enfrentar (desde su escaso 1.55 de altura) al propio Darth Vader. No sólo lo enfrentó, sino que sobrevivió a ello, sin perder su aplomo. Poco después cuando llegan a rescatarla, con un plan tan simplón que lo habría pensado cualquier nerd, y que hasta el androide parlanchín notaba que era una mala idea, es ella la que toma la iniciativa (y otra arma) y empieza a disparar encontrando una ruta de escape. Más adelante, cuando los rebeldes encuentran una raza “primitiva”, mientras todos los “caballeros” son tomados prisioneros por los ewoks, es ella la que ha establecido las conversaciones y relaciones amistosas con esos “ositos de peluche” que fueron capaces de derrotar a las tropas imperiales.

La princesa Leia Organa de Alderaan, incluso mantuvo su aplomo, cargo y sonrisa, cuando dejó de ser princesa (por la destrucción de Alderaan) y ni el apellido cuando se entera que no era hija del senador Bail Organa (¿por qué era princesa?), sino del propio Darth Vader (Anakin Skywalker). Formaba parte de su encanto, de su porte majestuoso.

En una época donde las princesas –en general, e impulsado por Disney- eran vistas como “frágiles criaturas” que sólo saben meterse en problemas y que deben ser rescatadas por algún caballero andante, Leia rompió el molde. En un mundo de ciencia ficción donde los “machos” usaban grandes armaduras, y las pobres y débiles damiselas usaban breves y reveladoras túnicas, Leia casi rompió el molde. En su biografía, Carrie Fisher cuenta que cuando llegó el primer día de filmación, el director George Lucas le hizo ver que en el espacio “nadie llevaba ropa interior”, y lo trató de argumentar indicando que “en el espacio, con la menor gravedad, los cuerpos se expanden, y un sujetador (sostén) podría incluso ahorcar a su usuaria”. A la actriz, la historia le hizo gracia y aceptó la idea de no usar sostén bajo la túnica. Eso sí, en la biografía solicitó algo especial, que en su obituario se incluyera una frase alusiva que ella misma redactó:

Carrie Fisher ha muerto, ahogada en luz de luna y ahorcada por su propio sujetador

La Princesa ha muerto, larga vida a la Princesa. Su sonrisa al final de la película nos hacía sentir que todos habíamos sido parte del grupo rebelde que había conseguido la victoria.

Gracias de parte de todos aquellos que luego de este tipo de películas (y de su ejemplo particular) abrazamos la tecnología como medio de vida.

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