¿El final de una era?

José Miguel Santibañez Allendes

José Miguel Santibáñez, Profesor Ingeniería Informática Multimedia, Editor de www.Abe.cl

Probablemente, cuando aparecieron los primeros supermercados (uno, pretenciosamente, se declaraba “hipermercado”), los distintos almacenes de barrio tuvieron más de un temor, algunos fundados, otros no. El paso del tiempo los hizo convivir en una curiosa ecuación. Los almacenes de barrio se mantienen en primera línea, pues dan un trato más personalizado, tienen “pan fresquito” y claramente el proceso de compra en más rápido (e incluso sin dinero, simplemente con “libreta”, o más simple un “me llevo tal producto, de ahí te lo pago”). Aun así, hay muchos que no conocen los almacenes de barrio, sólo los grandes supermercados, donde hacen las compras del mes, pagan con tarjeta y, en no pocos casos, aprovechan de “mall-ear” (curiosa construcción verbal, pronunciada “molear” para quienes gustan de recorrer los “malls”).

Los supermercados, por su propia esencia son más impersonales, aun así hay quienes después de 2 o 3 visitas ya conocen de nombre a los distintos encargados de sección (y les asignan el mismo nivel de sabiduría tipo gurú, que al antiguo verdulero del barrio). Pero la mayoría no sólo no los conoce, sino que pasa por la vida ignorando que hay personas que mantienen los productos disponibles en las góndolas y que cuando mucho, son “servicios de información” para encontrar un determinado producto.

Un empaquetador de fin de semana (a quien conozco por ser estudiante de ingeniería) me comentaba que hay todo tipo de clientes, desde quienes los ignoran completamente (a lo sumo $100.- después de toda una compra); que hay quienes les piden que les acompañen durante todo el proceso de compra llevándoles el carro, cargando los productos, luego colocándolos para su pago y finalmente empaquetando y cargándolos en el vehículo (generalmente adultos mayores y que dan buenas propinas). Incluso ahora es posible ver cerca de los supermercados de barrios acomodados, a empaquetadores que acompañan al cliente, llevando los productos en el carro del local. Para ellos, fue una insólita decisión cuando cierto supermercado decidió inaugurar las cajas de autoservicio, es decir cajas que no tienen cajero ni empaquetador, sino que el propio cliente pasa los productos frente al lector de códigos de barra. Para el supermercado supone un buen ahorro, pues basta un supervisor para cuatro cajas de autoservicio (al menos, en los lugares donde lo he visto).

La nueva innovación, viene de la mano de uno de los gigantes de la economía internet: Amazon. Partieron vendiendo libros, luego hicieron alianzas comerciales con tiendas chicas (para libros difíciles de conseguir) y siguieron aumentando su oferta a casi toda la línea de productos que se pueden comprar por internet: películas, libros, música, juguetes, etc. También agregaron a su oferta los productos netamente digitales, usando su lector (“papel digital”) Kindle y de ahí a toda una plataforma de servicios “en la nube”, incluyendo alojamiento de páginas y servicios de análisis de datos.

Pero ahora quieren entrar a competir con los supermercados. Y su propuesta incluye la mayor apuesta tecnológica del último tiempo (al menos, hasta que se popularicen los vehículos auto conducidos), quieren hacer realidad el viejo lema de una casa comercial: llegar y llevar.

La idea es simple, Ud. llega al supermercado, pasa por un torniquete usando su celular como mecanismo de identificación de cliente (un código QR, esos cuadrados tan populares entre celulares) y luego toma lo que quiere de las góndolas y se lo lleva, así sin más, sin pasar por caja, simplemente sale del local. En cada instante puede comparar en su celular lo que ha echado a su bolso, aunque la propuesta es que lo haga al instante de salir del local. El valor de la compra se carga directamente a su tarjeta/cuenta en Amazon.

¿Cómo funciona? Como decía “Cerebro” de un viejo programa de dibujos animados: la teoría es simple, pero para ejecutarlo se requiere de verdadero genio. Usando las ya acostumbradas cámaras que graban todo lo que ocurre en la sala de ventas, más una serie de sensores instalados en las góndolas, refrigeradores y heladeras, Amazon asegura que pueden “ver con una certeza del 100%” lo que el cliente está echando al carro. Y a diferencia del antiguo almacenero, la memoria de Amazon es infalible, no va a olvidar que echó un par de botellas de agua, distintos alimentos, pan, golosinas y otros.

El video muestra un local que es del tamaño de un “medio market”, es decir más grande que los minimarket, pero menos que los supermercados habituales. Y no aclara si habrá venta de productos a granel (todo se ve previamente envasado) pero, al menos para compras rápidas, se ve más que interesante. ¿Llegarán a Chile? ¿Se acomodarán a nuestra “costumbre” de hacer la compra mensual? ¿O los chilenos apostaremos a esta compra rápida? al menos los locales de comida rápida han demostrado que muchos aceptaron abandonar el viejo concepto de restaurante con mesera o garzón…

Puede seguir el enlace en: https://youtu.be/NrmMk1Myrxc

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