Uber ¿alles?

José Miguel Santibáñez Allendes

Profesor José Miguel Santibáñez Allendes Editor de www.Abe.cl

Aún recuerdo la conmoción causada por el escrito del entonces presidente Piñera… Y es fácil recordarlo en medio de la polémica causada por la empresa transnacional Uber que ofrece “un medio de compartir vehículos particulares”, lo que se traduce en la práctica, en un sistema alternativo de taxis.

 

Creo importante hacer algunas precisiones para entender bien la situación:

Lo primero es decir que tanto Uber como Cabify son servicios donde hay una empresa (transnacional) que ofrece la plataforma de soporte (el sistema para que opere la APP correspondiente) y personas que, ya sea ofrecen sus servicios como transporte para otras personas, o requieren ser transportados. Adicionalmente, estos servicios informan tarifas antes de recoger al cliente (siendo bastante habitual que uno sepa de antemano, cuanto le van a cobrar)- Entre Uber y Cabify una diferencia importante, es que el segundo solicita conductores profesionales, mientras que el primero ofrece a cualquiera con auto propio, el poder hacer de conductor.

Por el otro lado de la conmoción, están los taxistas, quienes hoy debieran cumplir con una gran cantidad de regulaciones (cupo taxi, licencia de conductor profesional, características de vehículos, sistemas de taxímetro, mayor cantidad de revisiones técnicas, etc.).

Siendo claros, la gran mayoría de los taxistas son gente honesta que cumple con todos estos requisitos, pero hay una cantidad minoritaria pero importante que le hacen mala fama a todos: los que engañan a clientes (esta semana en las redes sociales había una foto de un “comprobante” de un taxi que habría recorrido “68” kilómetros en 20 minutos, desde el Costanera Center hasta el centro de Santiago, cobrándole más de $40.000 al turista argentino al que timaron); los que no hacen carreras “cortas” (si Ud. va a un terminal de buses o a un mall, muchos de los que ahí están “independiente de lo que marque el taxímetro, no hacen carreras por menos de $XXXX”, siendo XXXX no menor a $3.000.- o que derechamente no van a ciertos barrios); los que asaltan (aquí hay un punto de discusión, no se sabe si son taxistas que asaltan o ladrones que se robaron el taxi y lo usan para tomar pasajeros a los que asaltan bajo amenaza de golpes con palos… incluso los que primero pegan y luego asaltan). Lo anterior sin olvidar el común problema que tienen para dar vuelto (y la cantidad de veces que se lo auto-donan a la fundación “ellos mismos”) ni la variopinta colección de juguetes y olores que se puede encontrar en más de un taxi, llegando a ser ofensiva a la vista o el olfato…

Así, no es raro que más de un usuario haya decidido abandonar a los taxis y se pasan al uso de estas plataformas.

Curiosamente, estas plataformas han entrado en el mercado con una fuerza que nunca tuvieron los radio taxis. Incluso pese a que existen algunas plataformas (“safer taxi”, “taxi amigo”) que funcionan con taxis formales, en la práctica la visión de los usuarios (me incluyo) es que no están realmente organizados para prestar un buen servicio. Y claro, así la tentación de pasarse a la nueva plataforma, es muy grande.

Por supuesto, hay otros involucrados: desde el gobierno, quienes cobran los impuestos, están preocupados por el tema, y claramente del lado de los taxistas; mal que mal, con todo lo que les cobran (dicen que hoy, un cupo de taxi, se cotiza en más o menos 5 millones). Un monto no menor, para estar viendo como hay competencia que no paga eso.

Pero hay también algunas componentes económicas: hay quienes reclaman que al ser una transnacional, aun pagando los impuestos locales pertinentes, están retirando dinero del país, lo que se podría traducir en una reducción general de la economía (ese dinero retirando por la empresa, no vuelve al país).

Hay también una componente tecnológica/humana adicional, al menos Uber ha indicado que esperan poder cambiar de autos con chofer a autos autónomos como el de Google. Si eso ocurre, dejarían a todos los actuales conductores sin trabajo…

En plena era de las apps, resulta extraño que no haya sido posible la masificación real de las que utilizan vehículos que son taxis legales. Al menos teóricamente, safer taxi debiera ser tan bueno como Uber… Pero Uber crece con más velocidad, tiene costos aparentemente menores y se promocionan mucho mejor…

Quizá el problema está en las formas. Al menos las de mostrar que se presta un servicio adecuado. Y en eso, las manifestaciones de los taxistas en calles del gran Santiago, han sido contraproducentes.

No Sólo no han generado simpatías, sino que han generado molestia. O al menos así reaccionaron las redes sociales…

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